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Dra. María del Mar Ferré Rodríguez / Col nº 35398

PATRONES FUNDAMENTALES DEL DESARROLLO NEURO-SENSO-PSICOMOTRIZ

23.CERVICAL_ASMETRICO_3_PRIMERA_EXPLORACION_026_0001.jpgYa todos conocemos la importancia que tiene el proceso de maduración neurológico en el desarrollo humano y más específicamente en el desarrollo infantil normal y patológico.

Gracias a la activación de los sistemas sensorial y motriz, el bebé recién nacido pone en marcha el proceso de mielinización de las vías que le permitirán entender el mundo que le rodea y desarrollar las respuestas adaptativas más adecuadas en cada momento.

Sabemos que tiene que recorrer un camino que es común durante los primeros años y que se compone de unas fases, que son fundamentales, hasta la plena activación del Cuerpo Calloso:

  • La fase homolateral alterna.
  • La fase duolateral.
  • La fase contralateral.
  • La fase de lateralización.
  • La fase de supralateralización.

También sabemos que contamos con tres cerebros: El primitivo o de reptil, el de mamífero y el humano, aunque antes, durante la fase embrionaria, empezamos siendo unicelulares.

Cada una de las etapas ayuda a integrar la anterior y a incluirla en un programa más perfeccionado y evolucionado de funcionamiento.

Así, el paso de la fase homolateral alterna a la duolateral se realiza gracias a los movimientos que el niño va desarrollando en la etapa de suelo y así sucesivamente.

Al nacer, ya tenemos activas muchas respuestas propias del cerebro reptiliano, controlado desde la médula, el bulbo y el tronco cerebral, que, junto con el de mamífero, están previamente diseñados por la genética. Los hemos de activar gracias a la llegada de estímulos y al movimiento, pero poseemos ya los pre-circuitos necesarios para hacerlo.

El paso de una fase a la otra es fisiológico, la naturaleza nos induce a hacerlo siempre y cuando, no nos encontremos con obstáculos.

Más recientemente, gracias a las aportaciones del Dr. Harald Blomberg y de su máximo exponente en nuestro país, Eva Rodriguez, hemos podido desarrollar más a fondo un apartado de la maduración neurológica de suma trascendencia, el de la integración de los reflejos primitivos mediante la TMR.

La terapia de movimiento rítmico está compuesta de unos ejercicios que, tal como ellos explican, se basan en los movimientos fisiológios que hacen los bebés para madurar. Con ellos estimulan el vestíbulo, el cerebelo y el tronco del encéfalo y consiguen que un reflejo no integrado, que interfería la maduración global del cerebro, se integre adecuadamente.

Hemos de aclarar que los reflejos primitivos son reflejos automáticos que nos regala la genética y que nos permiten sobrevivir porque facilitan la adaptación del feto al medio acuoso, nos ayudan a responder a las necesidades del parto y hacen posible la adaptación del neonato al medio atmosférico.
 
Lo mismo que ocurre con la fase homolateral alterna. Todas las etapas del desarrollo tienen pleno sentido durante un período de tiempo en el que cumplen su función y luego dejan paso a las respuestas propias de la fase posterior.

Todo lo que en un momento es necesario o imprescindible puede convertirse en un obstáculo en la siguiente etapa del desarrollo.

Eso es precisamente lo que ocurre cuando uno o varios reflejos primitivos quedan anclados, sin integrar.

El cerebro es un órgano muy jerárquico y la función de la corteza se apoya y depende de los automatismos de estructuras subcorticales, pero, cuando una de esas estructuras inferiores se dedica a organizar respuestas prioritarias de elevada intensidad, estas respuestas interfieren la puesta en marcha de la función cortical, la maduración y el aprendizaje.

Gracias a la aportación de estos grandes profesionales, tenemos un instrumento que hace treinta años desconocíamos.

Entonces ya sabíamos de la existencia de los reflejos primitivos y del valor de su integración y los tratábamos con los patrones básicos de movimiento (homolateral, duolateral y contralateral), que también hemos obtenido de la observación de la maduración fisiológica del bebé.

Ahora contamos con una terapia más específica que, en mi opinión, debemos aplicar integrada en otros tratamientos, sobre todo, en aquellos casos de niños que después de seis, ocho o diez meses de tratamiento, un tiempo prudencial, no consiguen integrar un reflejo anclado.

En todos los casos y especialmente en esos, hay que pensar que, si la evolución fisiológica se detuvo y la respuesta terapéutica no es evidente ni es la esperada es porque hay una causa que retroalimenta el anclaje. Incluso, en los casos en los que ha habido una buena respuesta, el tratamiento causal puede contribuir a la estabilidad del sistema y a que no haya regresiones.

Las causas pueden ser muy diversas: Micro-lesiones neuronales que no se detectan mediante TAC o RNM, disfunciones cerebrales, compresiones osteopáticas, traumas graves de base (amenaza de muerte, abandono, rechazo manifiesto, represión), alteraciones metabólicas que impiden la mielinización, distrés intenso y sostenido porque el niño se vive a si mismo como problemático, alteraciones biológicas que interfieren el tono muscular (radiaciones, problemas de permeabilidad intestinal, falta de principios inmediatos, etc.), intoxicaciones, problemas de desadaptación afectiva y miedo, etc.

Todas estas causas, que podemos y debemos tratar, confieren un nivel de gravedad y profundidad al problema que es muy distinto al del niño que lo único que no hizo fue no gatear, no pasar por el canal del parto porque nació mediante una cesárea o no vivir experiencias sensomotrices en la etapa de suelo. La causa del problema de algunos niños es la retención de un reflejo no integrado, pero la causa en otros pacientes que no integran un determinado reflejo puede ser anterior al mismo.

Por eso compartimos con Eva Rodríguez la necesidad que ella propone en sus fantásticos cursos de formación, de historiar bien el caso (parte del diagnóstico puede estar en hacer una buena historia clínica), explorar al niño a fondo y desarrollar un programa de tratamiento amplio que, muchas veces, debe ser interdisciplinar o combinado, como hacemos en los casos que tratamos conjuntamente.

No creo que tenga sentido que un niño que también necesita terapia visual no la haya iniciado porque, después de bastante tiempo de tratamiento con terapia de movimientos rítmicos, todavía tenga retenidos algunos reflejos, porque los problemas derivados de la ineficacia visual le producen una tensión y un distrés que, a su vez, pueden impedir que los reflejos puedan evolucionar e integrarse.

La dislexia y las dificultades de aprendizaje, las malas posturas al escribir, la dificultad de coordinación mano-ojo y los problemas de equilibrio, coordinación o lateralidad, muchas veces obedecen a causas múltiples y a muchos factores que requieren un tratamiento global, eso sí, bien ordenado por prioridades para no saturar al paciente ni a la familia y siguiendo el mismo camino que recorrió para organizar la patología, desde las causas más primitivas a las más recientes.