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Dra. María del Mar Ferré
Col nº 35398

TODAVÍA NO HAN APRENDIDO A LEER

Encaramos la recta final del curso y, dentro del aula de primero de Primaria, encontramos que hay niños que todavía no han aprendido a leer o muestran muchas dificultades en la adquisición de la lecto-escritura y las matemáticas.
Si bien es cierto que, aunque nuestro sistema educativo intenta una homologación en cuanto a adquisición de contenidos académicos y traza unos objetivos a alcanzar, también lo es que el grupo de alumnos de un aula no necesariamente es homogéneo, y más en nuestros días, y no se tienen en cuenta, en general, aspectos como el nivel madurativo del niño, su fecha de nacimiento (no es lo mismo haber nacido en Marzo que en Diciembre), sus antecedentes personales y un largo etc….
Sí que se considera y se tiene en cuenta la edad a la que el niño se incorporó a nuestro sistema educativo y aquellos que proceden de otras culturas o tienen una lengua materna diferente suelen contar con apoyo hasta cubrir un mínimo proceso de adaptación.
En general, podríamos considerar que se necesitan unosrequisitos básicos” para que un niño aprenda sin dificultades y estos requisitos básicos para el aprendizaje de la lecto-escritura y las matemáticas guardan una relación muy estrecha con su nivel de madurez y su organización neurofuncional.
       
¿Por qué unos alumnos van iniciar el último trimestre con una cierta soltura en la adquisición de los aprendizajes, incluso si la enseñanza es bilingüe, mientras que en otros persisten enormes dificultades?
¿Se trata simplemente de un problema de tiempo y de madurez? 
En algunos casos sí. Hay niños que necesitan algo más de tiempo, que su nivel de madurez es ligeramente inferior al de la media de sus coetáneos porque, por ejemplo, han nacido en Noviembre o Diciembre y no se ha tenido en cuenta a la hora de asignarles un año de inicio de Primaria. Son niños a los que les hubiera ido muy bien tener la oportunidad de repetir el último curso de preescolar para lograr nivelarse. Son niños a los que deberemos concederles más tiempo y, si en medio del proceso no sufre su autoestima, lo lograrán, aunque sea unos meses después que sus compañeros.
Pero hay un porcentaje importante de casos en que no es simplemente un problema que se vaya a resolver con el tiempo, sino que, con el tiempo, se va a agravar.
Muchas veces, los profesores intentan (con buen criterio) no crear alarmas innecesarias y dejan evolucionar el curso antes de alertar a los padres. Pero cuando, transcurrido un tiempo prudencial, ven que un alumno no evoluciona, como es su responsabilidad, alertan a la familia.
Un porcentaje importante de estos alumnos que van rezagados, de los que lo pasan fatal, de los que se bloquean frente a la lectura, por ejemplo, son niños que han empezado primero sin contar con una correcta organización lateral, incluso sin estar lateralizados. Nosotros consideramos que, precisamente, uno de esos “requisitos básicos” de los que hablábamos, es precisamente contar con una correcta organización lateral y, por eso, aconsejaríamos en todos los casos  que, en el último curso de educación infantil, descartar problemas visuales y hacer una revisión preventiva de la lateralidad. Así, si se detecta cualquier problema, podemos empezar a trabajar antes de que el nivel de exigencia supere la capacidad de respuesta del niño.
Estamos hablando siempre de niños considerados sanos  y que van evolucionando sin grandes dificultades. Naturalmente, en los casos en los que ya se detectan o diagnostican problemas o alteraciones en edades más tempranas, es necesario intervenir antes.
Damos por sentado que el niño debe estar sano desde el punto de vista biológico, porque un niño que enferma con frecuencia no puede dedicar la energía necesaria (¡que es mucha!) a aprender, necesita emplearla para recuperar su salud.
También damos por sentado que es imprescindible un ambiente familiar que le proporcione estabilidad y seguridad.
Y contamos con que el sistema educativo ha sido diseñado para que la mayoría de alumnos de una determinada edad consigan alcanzar los objetivos curriculares.
Si a final de curso persisten las dificultades, nuestro consejo sería intentar averiguar qué pasa, porque todo un verano insistiendo en lectura y trabajando fichas y más fichas, en muchísimos casos, no sólo no va a resolver la situación, sino que va a provocar una aversión y un bloqueo frente a la lectura.

Vídeos relacionados: https://www.youtube.com/watch?v=Ko66-vptKRs

Publicado en Mayo de 2017